El miedo no es al tiempo. Es a perder lo que fuiste. Envejecer es la única traición que no se negocia. Ver retirarse a quienes admirás también es mirar tu propia fecha de vencimiento. Los cuerpos se cansan, las certezas mutan, la gloria se va sin avisar. Por eso querés ser joven: para creer que el instante, así, vale más. Pero el instante ya valió. No hace falta repetirlo. Quienes se retiran no envejecen: entran en la historia. Y vos aprendés que la vitalidad no se guarda: se gasta, y se gasta bien. Punto. El único tiempo que no pasa no es el que dura, sino el que, cuando termina, todavía duele un poco. Porque doler es la prueba de que estuviste en cuerpo y alma. Ese dolor no envejece. No se va. No se olvida. Ese es tu tiempo verdadero. Lo demás es apenas el momento en que el tiempo se distrae y vos, por un rato, dejás de mirarlo.
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POR SIEMPRE JOVEN
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