Hay personas que no encajan. El mundo negocia y ellas regalan. El mundo espera y ellas van. El mundo guarda y ellas sueltan. Por eso quedan afuera. El mundo no las quiere. Porque no sirven para el juego. No calculan. No esperan. No guardan. Y sin embargo, dan. A veces, lo que dan vuelve. Casi nunca. Pero a veces. Lo justo para que sigan dando. Para que crean que tiene sentido. No lastiman. No por ser buenas. Sino porque no saben cómo se hace. Nunca aprendieron. Y un día, sin buscarlo, alguien les devuelve algo. Uno de los suyos. De los que también dan. Y ahí, en ese momento, ellas descubren que no estaban solas. Que el mundo no las había olvidado. Que sólo estaban esperando a alguien que supiera recibir. Ese día, todo lo que dieron deja de ser pérdida. Empieza a ser otra cosa. Algo que no tiene nombre. Pero que se siente. Y ellas siguen dando. Sin saber si volverá. Pero con la certeza de que, a veces, vuelve.
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A VECES, VUELVE
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