Pensamos que somos una sola cosa. Un carácter, una historia, una forma de ser. Después viene un martes cualquiera y hacemos algo que no nos corresponde. Y no pasa nada. Seguimos. La mente no funciona como una casa ordenada. Funciona como una mesa donde alguien dejó papeles acumulados durante años. Encima de eso decidimos. Con eso amamos. Con eso criamos hijos. Lo interesante no es la coherencia. Es lo otro. Que a pesar de no entendernos, insistimos. Que a pesar de contradecirnos, alguien nos espera. Que a pesar del desorden, hay un momento en que dos personas se ríen de lo mismo al mismo tiempo. Eso no se explica. Sólo ocurre. Ahí está la cosa. No en resolver el caos. En compartirlo.
miércoles, 16 de septiembre de 2026
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LA MESA
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