En la casa se come a las doce. Se habla del clima, del precio de la carne, de un pariente que no llama. Se habla mucho, para no decir lo importante. Hay una puerta en el pasillo que nadie nombra. Se limpia igual. Detrás, algo espera. Se llama paz a no mirar. El conflicto no se resuelve: se guarda. Se soporta con rutinas, con horarios. Pero lo guardado trabaja. Cada día de normalidad se paga con algo. Y una tarde cualquiera la puerta cede. No hay ruido. Sólo el silencio sobreviviente. Alguien barre los pedazos. Al día siguiente se come a las doce.
viernes, 11 de septiembre de 2026
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EL PLACARD
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