Estar vivo es necesitar a otro. No hay excepción. Y sin embargo, uno aprende a arreglarse solo. A comer solo, a dormir solo, a enfermarse solo. A contestarse las preguntas que nadie más va a contestar. Es un lento proceso de aprendizaje, casi doméstico. Uno no lo nota. Un día, simplemente, ya no espera a nadie. Pero esperar no se apaga. Se guarda. Ahí empieza el asunto. Uno guarda lo que quiere decir y lo guarda tan bien que después no lo encuentra. Las palabras se secan. Y el pasado, que era una cosa que había ocurrido, se convierte en una cosa que ocurre todavía, todos los días, en una habitación sin testigos. Uno no está preso de lo que le pasó. Está preso de no haberlo contado. Porque contar es dejar que alguien sepa. Y que alguien sepa es aceptar que eso fue real. Afuera la gente vive. Uno la ve pasar y piensa: podría. No puede. Hasta que una tarde, sin motivo, uno dice algo mínimo. Alguien lo escucha. No se cura nada. Pero se respira. Y respirar, a veces, es la forma más simple de quedarse.
martes, 22 de septiembre de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
ALGUIEN QUE ENTRE
Estar vivo es necesitar a otro. No hay excepción. Y sin embargo, uno aprende a arreglarse solo. A comer solo, a dormir solo, a enfermar...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario