Hay cosas que no se dicen. La culpa es una de ellas. Se paga con el cuerpo. El pánico llega puntual, como un cobrador. El corazón se apura, falta el aire, la muerte se sienta a la mesa. No es un accidente: es un pago. Sufrir en carne propia el miedo a morir calma otra cosa, la culpa de estar vivo, de querer crecer. El síntoma también cuida. Con el pánico encima no queda espacio para la libertad. Mejor el encierro conocido que la intemperie de decidir. La claustrofobia es una excusa perfecta para no arriesgar, para quedarse quieto en un lugar seguro, aunque sea chico. Y hay un hilo que no se corta. Sufrir es una forma de no soltar a los muertos, una lealtad vieja. Curarse sería traicionar. Después las paredes cambian. Ya no es el transporte público ni el ascensor: es el trabajo, la relación, la presión de poder con todo. El cuerpo repite el viejo aviso, porque sólo sabe hablar así. El síntoma sería la factura. También podría ser la salida. Las dos cosas a la vez. La cuestión sería no confundir la tregua con la paz.
Mostrando entradas con la etiqueta antes de la paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta antes de la paz. Mostrar todas las entradas
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
ANTES DE LA PAZ
Hay cosas que no se dicen. La culpa es una de ellas. Se paga con el cuerpo. El pánico llega puntual, como un cobrador. El corazón se a...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...