sábado, 1 de agosto de 2026

ÍNTEGRO

     Hace tiempo que no sé estar en el mundo sin que el mundo me pida algo. Todos los días igual: despertar, cumplir, resolver, apagar la luz. En medio, ruido. Antes, cualquier cosa me sostenía. Ahora todo pasa. La inspiración llega y se va. La esperanza parece un esfuerzo. Y lo peor: uno se acostumbra. Pero hay un automotor viejo y quieto en algún lado. No importa dónde. Está completo sin moverse. No necesita demostrar que sirve. Su valor se mantiene. Está en ser, no en hacer. Eso busco. No fuerza. No salida. Una forma que se mantenga. Que los días tengan claridad sin depender del ánimo. Que lo cotidiano no sea pared, sino piso. La paz no es un lugar. Es una decisión: quedarse donde uno está sin pedir que sea otro. Permanecer atento. Mirar el automotor y no pedirle que arranque. Mirarse y no pedirse ser distinto. Uno puede estar quieto y estar bien. No hace falta moverse. No hace falta ser otro. El automotor no va a ningún lado y está entero. Yo puedo hacer lo mismo.




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