Hay que aceptarlo: el piso se mueve. La vida es incierta, y esa incomodidad también es una puerta. No podemos torcer el viento. No podemos reescribir lo que ya pasó. El pasado está cerrado. Punto. Lo que no soltamos son muebles viejos que seguimos cargando, y nadie carga un mueble para siempre sin romperse la espalda. Soltarlos no es olvidar: es decidir que no manejen nuestro día. Lo único que es nuestro es el ahora. El momento en que elegimos cómo pararnos frente a lo que pasa. No somos responsables de todo, pero sí de la actitud con la que vivimos lo que nos toca. Esa actitud es lo que arma una vida. La libertad no es hacer lo que uno quiere. Es elegir desde uno mismo, sin dejar que otro viva la vida por nosotros. Muchos creen que la vida les pasa, como una lluvia que cae sin permiso. Pero la vida no nos pasa: la hacemos. No hay ensayo general. La obra se escribe mientras se vive. Y el autor es uno. Siempre uno.
viernes, 25 de septiembre de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
EL PISO
Hay que aceptarlo: el piso se mueve. La vida es incierta, y esa incomodidad también es una puerta. No podemos torcer el viento. No pod...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario