La marea sube. Después baja. Uno no decide eso. Uno está ahí, y la fuerza lo mueve. Hay días de pelear. De remar contra todo. Y el agotamiento llega, y es cierto. Pero pelear contra lo que no se puede cambiar deja los brazos demasiado cansados. Entonces algo simple: quedarse a flote. Confiar. La fe no es un grito, es una calma que se cultiva despacio. Y uno sigue ahí. Quieto. Entero.
jueves, 24 de septiembre de 2026
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ENTERO
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