Los cuerpos salen temprano de sus casas y se integran a una coreografía que nadie ensayó, pero todos conocen. Las oficinas abren. El café se sirve en vasos de cartón. Se repite que cierta edad es la mejor. Que el ahora merece celebrarse por el solo hecho de ser ahora. Eso calma. Oculta que muchos atraviesan los días sin un vínculo verdadero con nada ni con nadie. Las personas se cruzan con la mirada fija en un punto indeterminado. Comparten durante años los mismos espacios sin intercambiar una palabra. Regresan a sus departamentos. Encienden la televisión. Esperan que el sueño llegue antes que la conciencia de estar solos. El tiempo avanza sin propósito. Los meses se acumulan. Y en algún momento aparece una posibilidad distinta. Se manifiesta en la decisión mínima de mirar a quien tenemos al lado. De preguntar cómo está. De detener por un instante la marcha. Nada condena. Sólo espera. Alcanza con romper una sola vez el automatismo para descubrir que la conexión no se perdió. Apenas estaba dormida.
miércoles, 30 de septiembre de 2026
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LOS MEJORES DÍAS
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