Uno aprende temprano. Hay una mirada que aprueba y otra que no. La de quienes crían, para empezar. Uno estira la mano hacia esa aprobación como quien busca el sol en una habitación fría. La consigue. Y entonces la mirada se corre, pide otra cosa. Nunca se detiene. Después vienen los otros. La pareja, los hijos, los amigos, el que manda. Uno cree elegir. En verdad, obedece. Cree querer algo propio, y lo que quiere es que el otro esté contento. Que esté conforme. Así se pasan los años. El que vive pendiente de la aprobación ajena no está amando. Está haciendo cuentas. Da para recibir, se porta bien para que lo quieran. Y lo que gasta en esa contabilidad es su propia vida, que no vuelve. Hay un momento, si uno tiene suerte, en que se logra soltar la mano del otro. No es fácil, pero cuando ocurre, uno descubre que del otro lado no hay ningún abismo. Sólo uno, parado.
martes, 29 de septiembre de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
NO ES FÁCIL
Uno aprende temprano. Hay una mirada que aprueba y otra que no. La de quienes crían, para empezar. Uno estira la mano hacia esa aprobac...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario