Un hombre camina todos los días por la misma vereda, a la misma hora, con idéntico paso. No piensa en eso. Piensa en las compras, en el perro que ladra a lo lejos, en el cielo que amenaza lluvia. Pero sus pies ya conocen el trayecto. Sus pies recuerdan cada baldosa suelta, cada desnivel. Sus pies van solos. Él los sigue, distraído, como quien se deja llevar por una corriente. Y así, sin saberlo, va dejando un camino que otros dejaron antes que él, y que otros dejarán después, cuando él ya no esté. La vereda no cambia. El paso, tampoco. Lo que cambia, si es que algo cambia, es lo que sucede mientras se camina. Pero para que suceda, alguien tiene que mirar el pie que se levanta. No el destino. El pie.
viernes, 14 de agosto de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
EL PASO
Un hombre camina todos los días por la misma vereda, a la misma hora, con idéntico paso. No piensa en eso. Piensa en las compras, en el...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario