El búho está parado sobre un poste. No está cazando. Mira. Sostiene la noche entera con los ojos abiertos. No hay presa. No hay hambre. Hay una atención que no se explica por ningún provecho. Al lado, otro búho. Igual de quieto. Igual de atento. Ninguno de los dos vino a ganar nada. Y sin embargo, algo ocurre. No es un intercambio: los búhos no negocian. No es un acuerdo: no hay nada que acordar. Es apenas esto: dos criaturas que se dejan ver sin defenderse. Sin argumento. El búho no gira la cabeza para imponer su ángulo. La gira para perderlo. Y en ese perder, gana un mundo que no tenía. Un mundo que no era de él ni del otro. Un mundo que sólo existe cuando dos se miran sin querer tener razón. Al amanecer, los búhos cierran los ojos. Ya no importa quién vio qué. Lo que vieron, lo vieron juntos. Y eso, aunque dure un instante, es lo único que nunca se pierde del todo.
domingo, 27 de septiembre de 2026
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