Hay una parte de nosotros que no pertenece a ningún lado. No la elegimos. Está ahí, mirando siempre hacia el límite donde lo visible desaparece. Esa parte no viaja. No hace falta. Sólo se queda quieta, pero en otro lugar. La gente cree que el mundo se sostiene por lo que retiene. Pero el mundo se sostiene, sobre todo, por lo que cada uno decide dejar ir. Un día, sin aviso, esa decisión se vuelve más fuerte que cualquier cadena. No hay drama. No hay despedida. Sólo un movimiento mínimo que lo transforma todo. Los que miran desde afuera no ven nada. Los horarios continúan. Las obligaciones también. Pero algo en el aire ya no es igual. Porque estar no es lo mismo que quedarse. Y quedarse no es lo mismo que elegir. Al final, cada uno descubre que la partida verdadera no se anuncia. Simplemente sucede, en silencio, cuando alguien ya no necesita un mapa para saber adónde va.
viernes, 14 de agosto de 2026
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DESAPARECER
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