El silencio es una casa. También una cárcel. Muchas veces calma: templo vacío, hostia sin palabras. Pero no siempre. A veces es mordaza. Cuando la violencia se hace orden, el miedo aprende a no nombrarse, la fe cae como iglesia sin campanas. En esos casos, el silencio no calma: esconde. No une: aísla. La época pide transparencia y éxitos. Nos quiere exhibidos y eficaces. Y sin comunidad. Callamos para no quedar afuera. Callamos, y eso pasa por paz. Hay una mesa familiar donde nadie dice lo que piensa. Hay un cuerpo que aguanta. Hay una cruz sin resurrección: resistir sin esperanza. Suena Pixies: Monkey Gone to Heaven. Nadie la apaga. Señal mínima de que algo sigue vivo. El silencio es necesario. A veces calma. Pero no siempre es tranquilidad. A veces es el síntoma. Y cuando un pueblo entero aprende a callar así, no está en paz. Está esperando que alguien diga la primera palabra.
jueves, 8 de octubre de 2026
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SILENCIO
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