sábado, 15 de agosto de 2026

EL ORDEN

     Las reglas cotidianas son un invento para hacer que la vida resulte predecible. Uno se levanta a una hora prefijada, pronuncia ciertas palabras, come con determinados cubiertos, elige un carril en la autopista. Todo parece claro. Pero no es más que un papel pintado. En el fondo, el mundo no funciona así. Las horas se estiran o se encogen. Las palabras mudan de sentido según quien las diga. La cortesía es un disfraz; la justicia, un capricho. Es posible pasar la vida entera queriendo ordenar el caos, hasta que se comprende que el caos es el orden verdadero. Y que las únicas normas ciertas son las que uno mismo se inventa mientras camina. Crecer es eso: dejar de exigirle al mundo que tenga sentido y, aun así, seguir adelante.






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