Uno cree que las cosas se quedan ahí, quietas, como si el tiempo les hiciera un lugar. Pero no. Se van. Sin ruido, sin aviso. Y cuando uno estira la mano para agarrarlas, ya no están. No es que se pierdan: es que se vuelven otra cosa. Una versión gastada. Un reflejo que ya no se parece a nada. La verdad, en el fondo, no importa. Tampoco la mentira. Lo único que vale es ese momento en que, sin saber bien cómo, dejamos de reconocer lo que tuvimos enfrente. Y eso, por tan simple, da miedo. Porque el olvido no es un error de la memoria. Es la forma que tiene el tiempo de seguir andando. Uno aprende a vivir con eso. A veces hasta cree que lo tiene manejado. Hasta que un día se da cuenta de que ya no recuerda ni por qué empezó a recordar. Y ese momento, justo ahí, termina todo. Y ahí, sin pausa, empieza todo de nuevo.
domingo, 16 de agosto de 2026
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OTRA COSA
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