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viernes, 9 de octubre de 2026

SEÑALES

     Ya no se prohíbe. Se ofrece. Todo tiene precio. Lo llaman libertad. Uno entra a cualquier tienda y cree que elige. En realidad, obedece. Compra calma. Anestesia contra una realidad que duele. No compramos cosas. Compramos un lugar frente a los demás. El auto, el celular, la ropa, la casa. Señales. El otro deja de ser un igual. Se vuelve medida. La solidaridad se rompe. Cada uno cuida su vidriera. Nadie mira a los costados. La rutina se acepta: trabajar, pagar, mostrar, repetir. Sumisión elegida. Nadie la impone. Esa violencia no niega. Afirma. Nos dice que podemos, que debemos, que queremos. Uno se cansa y cree que le falta esfuerzo. El problema es siempre uno. Todo se muestra. Nada se toca. Hay conexión. No hay comunidad. Nada de eso devuelve lo humano. Ni el curso, ni la aplicación, ni el pódcast, ni la compra. La solución está en dejar de pedirle a las cosas lo que sólo la vida puede dar. Menos vidriera. Más tiempo. Menos marca. Más unión. Menos yo. Más nosotros. No es renunciar. Es volver a vivir. Porque cuando ya no esperamos nada de lo que se compra, empieza lo que no tiene precio. Hay que apartar la mirada de la vidriera. Mirar a los ojos. Es sólo cuestión de empezar. 




SEÑALES

     Ya no se prohíbe. Se ofrece. Todo tiene precio. Lo llaman libertad. Uno entra a cualquier tienda y cree que elige. En realidad, obedece...