A las ocho se riega el césped. La casa está limpia. El auto, lustrado. Se saluda con la mano. Se es buen vecino. El domingo funciona así. Dentro hay reglas: no se habla de dinero, no se grita, no se rompe nada. La mesa está servida. La cortesía sostiene el almuerzo. La hipocresía burguesa no es una mentira torpe: es una coreografía necesaria. Hace posible el barrio, la visita, la paz del mediodía. Lo que no se dice no desaparece: queda guardado y ordenado en un cajón. La buena educación no apaga el impulso oscuro y egoísta: le enseña a esperar. A pedir la sal. A sonreír antes de romper. Y está bien. Sin máscara no hay domingo, ni lunes ni martes. La civilización no extingue al animal: lo sienta a la mesa. Le pone una servilleta. Nadie lo nombra. La civilización no es la ausencia de violencia: es su mejor traje. Y el domingo queda impecable.
miércoles, 21 de octubre de 2026
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EL DOMINGO
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