martes, 30 de septiembre de 2025

ESPEJO EMPAÑADO

     La infancia se pierde cuando nace en uno un testigo. Este testigo no es el "no" de los otros, sino la mirada que instalamos dentro para vigilarnos. Dejamos de vivir el gesto para evaluar su representación. El juego se vuelve actuación. Hoy, ese testigo no prohíbe, exige: "¡Sé más tú mismo!", "¡Vos podés!". Nos exigimos hasta la alienación con la convicción de que eso es la libertad. Vemos nuestro reflejo en espejos empañados. Pero ese testigo a veces se duerme, y en ese instante volvemos a ser dueños de nuestro gesto. El espejo empieza a devolver una imagen nítida. La vida deja de ser un argumento que debemos defender. Somos, otra vez, el cuerpo que se mueve, no la idea que lo juzga; el territorio que se pisa, no el mapa que se traza. La libertad no es una meta: es el olvido de haberla necesitado.




domingo, 28 de septiembre de 2025

OBJETIVO

     Se creía que todo había terminado. Una idea cómoda. La guerra es la costumbre de llevar un arma bajo el sobretodo. Como James Bond, convertíamos el mundo en algo simple: un objetivo, una bala. La culpa era un lujo inexistente. O quizás toda esa elegancia era el cajón donde enterrábamos al que sí juzgaba sus actos. En el día a día libramos combates chicos. No dejan cráteres, sino rajaduras. Una palabra filosa, una mirada que se escurre. Heridas que no sangran; se hacen callo. El juicio llega con el silencio de la madrugada. No hay escape en la acción, sólo en la entrega. Es el momento de dejar el arma sobre la mesa. Mostrar la huella del caño en las costillas. La rendición de cuentas no es el castigo, sino el único acto de libertad que nos queda: aceptar el peso exacto de lo hecho. Y en ese reconocimiento, finalmente, se advierte una bandera blanca. La guerra, por fin, ha terminado.





ACEPTAR LA GRAVEDAD (J.O.M.O.)

     Vivimos cayendo. Es una regla sin excepciones. Caminamos. Tomamos aviones. Creemos movernos hacia adelante. Es una ilusión útil. Un pájaro no vuela: se niega a caer. Un edificio no crece: posterga su regreso al suelo. Toda acción horizontal es un hermoso ardid. Una distracción. La velocidad, los proyectos, el ruido. Son artilugios para no oír la verdad única: desde que nacemos, nuestra única dirección es hacia abajo. Entonces, ¿por qué tanta resistencia? Quizás la sabiduría no esté en luchar, sino en comprender. En aceptar esa caída elegante que nos define. Descansar los brazos, entonces. Cesar el forcejeo. Descubrir que en la rendición hay una paz antigua, y en el abandono, una especie de regreso.









jueves, 25 de septiembre de 2025

JUGUETES

     Se suele pensar que las personas son juguetes. Se les da cuerda con un halago o un gesto, y ellos realizan su función. La sociedad es esa gran caja de juguetes, todos interactuando con una eficiencia vacía. Tanta perfección genera una niebla espesa. Una ansiedad por fricción cero. No se teme al conflicto, sino al desgaste silencioso de ser siempre amable, siempre dispuesto. La autenticidad, entonces, es el pequeño sabotaje. No un grito, sino el valor de ser el juguete que se niega a funcionar. El conejo que detiene su marcha aunque sus pilas tengan energía. Un resorte que no salta, una rueda que se traba. Un gesto que rechaza la lógica del rendimiento constante. Se extraña el peso de los objetos antiguos, el tacto de lo que no fue diseñado para ser brillante e inofensivo. En este vivir y aprender, la victoria es sutil: como encontrar, entre tanto juguete nuevo, un bloque de madera maciza. No hace nada. No sirve para nada. Pero es inalterable. Prefiero esa pesadez. La belleza de lo que permanece intacto, sin necesidad de ser útil.





miércoles, 24 de septiembre de 2025

VIVIR A MEDIAS

     Miremos de frente a nuestras derrotas. No son catástrofes. Son palabras que callamos. Pasos que, al final, no dimos. ¿Quién no ha soltado algo valioso, tal vez por orgullo? Por miedo a que fuera demasiado para nosotros. Pero la vida se acorta con cada oportunidad que dejamos pasar. No es un capricho. Es esa estúpida pesadez del alma que nos hace renunciar, o esperar un minuto de más, y luego otro. Al fin y al cabo, no es el final inexorable lo que nos aterra. Lo que nos aterroriza es llegar a ese último instante y descubrir, con una lucidez perfecta, que vivimos a medias. Que nuestra propia historia es sólo un boceto, un dibujo abandonado sobre la mesa. La condena más severa nunca es la que imponen los demás. Es el recuerdo imborrable, tranquilo y terrible, de lo que pudo ser y nunca fue. Ese es el verdadero fantasma. El que habita en los cuartos vacíos de la casa que, con un poco más de valor, hubiéramos podido construir.




lunes, 22 de septiembre de 2025

MÁS COMPLICACIONES

     Miren. Es como la antigua feria que llega al pueblo. El político es el feriante que reparte bagatelas. Cambia verdaderos problemas por objetos brillantes. Objetos por mayores complicaciones futuras. Su sonrisa es perfecta. Vacía. Usa caras famosas como propaganda. Prestigio alquilado para vender ilusiones. Es el arte de la feria: hacer pesadas las manos de la gente con cosas livianas, para que no alcen la vista y pregunten. Frente a ese ruido blanco de fondo, una idea simple. Casi tonta. La de la palabra que es sólo lo que dice. El gesto que no calcula. La línea recta de una vida. ¿Me seguís? No es grandioso. Es honesto. Al final, la feria se marcha. Los regalos se rompen. Se pierden. El ruido se apaga. Lo que queda es la belleza silenciosa de quien fue verdadero. Su historia, limpia. Como una piedra lisa que se encuentra después de la lluvia que suspende el espectáculo. ¿Me seguís?






domingo, 21 de septiembre de 2025

GARANTIZADO

     Dentro de nosotros hay un lugar silencioso. Ningún poder lo toca. Ningún orden lo alcanza. Es simple. Es propio. El mundo pide ruido. Pide entrega. Pide síes constantes. Ese lugar sólo dice no. Un no tranquilo. Un no que es, en sí mismo, un mundo. No es deseo. Es lo que queda cuando el deseo se apaga. Es la libertad de no ser útil. De no ser visto. De ser, simplemente, sin razón. Ceder a eso no es debilidad. Es fuerza. Es bajar a lo real. Abrazar la herida y la luz por igual. Ahí está la verdad. No en lo que se construye, sino en lo que no se negocia. El divino tesoro: un silencio que sostiene todo. Una negación que garantiza la salvación. Porque a veces, la forma más pura de valor es negarse. Y en ese no, nace el único sí que importa.




sábado, 20 de septiembre de 2025

INGENUO

     Imaginá que el mundo se parte. Que el cuerpo olvida su oficio. Que el amor se va, y no vuelve. Que la noche es un largo malentendido con uno mismo. Que los necios gobiernan, y pisan tu nombre con sus botas. Todo eso puede pasar. De hecho, pasará. Entonces, sólo queda una operación. Una sola. Simple. Aprender. No para ganar. No para reparar. Sino para encontrar, dentro de uno, una tabla de salvación. Una ingenuidad estratégica. Una forma limpia, que el caos no tocará jamás. Ahí. Intacta. Esa es la victoria. No vencer al mundo. Es tener un lugar, dentro, que el mundo no conoce. Y al que no puede llegar.




jueves, 18 de septiembre de 2025

CONSPIRACIÓN DE DOS

     Ellos dos. Nada más. Un acuerdo tácito. Una frontera dibujada alrededor de dos voluntades. Adentro, un clima perfecto. No importa el calendario afuera. Es una fuerza modesta. Hecha de gestos pequeños. Una sonrisa. Un café servido. Una quietud que funciona. Esa paz, sin embargo, es un acto de rebelión absoluta. Porque el mundo es caos y ruptura. Y ellos, con su simpleza, le oponen un orden callado. No luchan. Existen. Y al existir, desmienten el ruido de todo lo demás. Los llamarán ingenuos. O peligrosos. Porque quien tiene eso sabe que perderse no es el fin. Está, de hecho, siempre listo para el sacrificio final: el de renunciar a parte de sí mismo por aquello que ha construido. Eso no es romanticismo. Es la lógica del pan recién horneado. La única revolución que importa.




miércoles, 17 de septiembre de 2025

LLEGA UN DÍA

     Llega un día. Un día cualquiera. Y de pronto, la mirada se te clava en un rostro envejecido. No es el primero que ves, pero es el primero que leés. Y entendés. La ternura que sólo te provocaban los niños se desvía. Sin pedir permiso. Ya no mirás a ese hombre, a esa mujer. Te mirás a vos. En un espejo del tiempo. Esas arrugas, esas ojeras, esa paz fatigada. No son suyas. Son tuyas. Sólo que aún no han llegado. Y en ese instante de pura y silenciosa claridad, la infancia se acaba. No con un estruendo, sino con un parpadeo.





martes, 16 de septiembre de 2025

CARAMELOS QUE TODOS QUIEREN

     La ciudad se ha convertido en una vidriera de golosinas. No se compran cosas ni se conocen personas: se consumen envoltorios. Prometen un estallido dulce en la lengua. Después, sólo el vacío y las ganas de otro. Somos catadores de lo superficial. Saboreamos noticias ácidas, relaciones de menta. No hay personas, sólo perfiles, sabores de estación. Se usan y se tiran cuando el brillo se apaga. No hay hambre de verdad. Sólo la necesidad de morder. La ansiedad por el próximo gusto, la nueva sensación. El siguiente caramelo. Es un festín de apariencias. La belleza es una sobredosis de azúcar. El pensamiento, una corteza crujiente que se deshace al primer contacto. No importa el centro, si es blando o no hay nada. Sólo importa el estallido de dulzor. La posesión instantánea. Así masticamos la vida. Tragamos sin saborear. Juntamos papelitos de colores, creyendo que es un tesoro. Hasta que la lengua se cansa. Ya no siente nada. Todo sabe a celofán. A pura nada. Recién ahí nos damos cuenta, cuando nos morimos de hambre: el banquete entero era una farsa pegajosa.




lunes, 15 de septiembre de 2025

HUBO UNA TARDE

     Estás allí, en el último recodo de la memoria. No como un recuerdo, sino como un país entero. Un territorio completo, con sus leyes, su clima, su luz propia. No se visita. Se habita. Todo lo demás, los años que vinieron después, los que aún transcurren, son sólo el mapa que alguien dibujó para explicar la existencia de aquel lugar. Un mapa burdo, con fronteras equivocadas y nombres mal escritos. Lo mirás y asentís, por educación, pero sabés que la geografía verdadera es otra. La que conociste. Hubo una tarde. No una hora, ni un día. Una tarde. Una unidad de medida perfecta, un continente de tiempo donde todo lo esencial encontró su forma y su sitio. Fue allí donde se decidió el significado de las cosas. El amor, por ejemplo. O la felicidad. No se pensó. Simplemente, se supo. El reloj siguió su camino, por supuesto. La vida también. Es lo que se espera de ambos. Pero ese instante, esa plenitud, no pertenece a la cronología. Es una estrella que brilla con luz propia. No le afecta el desgaste. No conoce la nostalgia. Es. Por eso preguntar por el transcurso de los días es un error. Es como medir la profundidad del mar con una regla. Lo que fue verdadero, lo que fue absoluto, no se hunde en el pasado. Flota. Es una isla a la que no se llega navegando, sino entendiendo. Hubo una tarde. Y eso basta. Es la única moneda que no se devalúa. El único imperio que no cae. Todo lo demás es anotación al margen.




domingo, 14 de septiembre de 2025

SIEMPRE FUE ASÍ

     A veces la vida se reduce. A un trabajo. A un problema. A una deuda. A una preocupación que ocupa todo. Se convierte en una habitación con una sola luz, y esa luz es la de la dificultad. Pero si te parás unos pasos atrás, y dejás que la vista se acomode, es más fácil de ver. No es una habitación con una luz. Es una habitación. Y en ella hay una ventana. Y tras la ventana, el cielo. No un cielo grandioso. Uno común. Pero está ahí. Y cambia de minuto a minuto. Eso es todo. Siempre fue así. La belleza no es un acontecimiento. Es una presencia invisible. La encontrás en el gesto exacto de tu mano al servir el café en la taza que preferís. En la manera en que el vapor sube, serpenteando, y se disuelve. No significa nada. Y lo significa todo. Es el sonido de una cuchara contra el bowl. El mensaje breve de un amigo que sólo dice “¿estás?”. No para salvarte. Para comprobar que seguís en tu lugar. Ese es el amor. No un sentimiento descomunal. Una geografía compartida. Un “acá estoy” dicho en voz baja. Las penas son reales. Te aplastan. Pero no son la única realidad. También está el peso del gato dormido sobre tus pies. La página de un libro que, de pronto, dice exactamente lo que necesitabas oír. El olor a tierra mojada después de un chaparrón breve. Pequeñas certezas. No curan. Pero te recuerdan que el dolor no es el dueño de la casa. Sólo es un visitante ruidoso. No hace falta buscar lo extraordinario. Sólo hace falta notar lo que ya está. La luz en la pared. El sonido de pasos conocidos que se acercan a tu puerta. El sabor del mate. Es una cuestión de enfoque. De elegir, por un instante, la luz de la ventana y no la de la dificultad. El mundo no se agranda. Vos te hacés más chico. Más preciso. Y en esa precisión, encontrás todo. Siempre fue así.




sábado, 13 de septiembre de 2025

UMBRAL

     A esta altura del camino, una verdad se ha vuelto irrevocable. Lo que para mí es evidente, para el otro puede no serlo. Y viceversa. Ahí reside el núcleo del asunto. Antes, mi ambición era otra: quería convencer. Desplegaba mis razones creyendo que la lógica pura sería suficiente para alinear dos universos distintos. Era una pretensión ridícula. Aprendí que no se trata de vencer, sino de encontrar. El verdadero intercambio -aquel que vale la pena- no comienza con la boca abierta, sino con la oreja afilada. Exige un pacto tácito: yo estoy acá para entregar mi sentido, pero también para recibir el tuyo. No para someterlo al mío, sino para entender su arquitectura, su origen. Es un arte raro. La mayoría habla para contestar, no para escuchar. Y yo… yo he desarrollado una paciencia selectiva. Ante la ausencia de ese acuerdo mutuo, de esa voluntad de trueque auténtico, me retiro. No es derrota. El silencio es el principal componente de la comunicación. Protejo la integridad de lo mío, y evito la violencia de imponerlo donde sé que será sólo un cuerpo extraño. No es un vacío. Es el espacio de respeto que queda entre dos monólogos que se ignoran. Es la digna renuncia a una pelea que nadie ganará. Pero cuando aparece ese interlocutor válido -aquel que extiende la mano vacía, listo tanto para dar como para recibir- entonces toda la maquinaria se pone en marcha. Y el milagro ocurre: dos verdades distintas se tocan y, sin anularse, por un instante, se iluminan.




jueves, 11 de septiembre de 2025

PROPAGANDA

     Existe una belleza formidable en lo simple. En una idea clara. En un gesto que no se disfraza. Esa es la materia prima con la que diseñamos nuestro lugar en el mundo: una certeza limpia, sin adornos. La verdad no debería ser un lujo. Pero hay una fábrica que no para. Esparce, día y noche, una niebla espesa y dulzona. No la notás. Se pega a las cosas, a las noticias, a las canciones, a los slogans. Es el ruido de fondo del mundo, un consenso fabricado que te envuelve como un aire viciado. Te vas acostumbrando. Respirás esa niebla y creés que es oxígeno. Te van intoxicando de a poco. Te venden miedos con la elegancia de un anuncio y odios con la melodía de un jingle. Te construyen enemigos de cartón y sueños de plástico. Y lo más jodido es que lo hacen con nuestra complicidad. Porque esa niebla es cómoda. Calienta. No te exige que pienses, sólo que repitas. Tu cabeza, que podría ser ese lugar claro y despejado, termina llena de esa basura luminosa. Perdés el gusto por lo auténtico. Confundís el bombardeo con la importancia, la repetición con la verdad. La resistencia, entonces, es casi un acto de higiene salvaje. Una terquedad íntima. Es dudar aunque te digan pesado. Es preferir el silencio al coro. Es escarbar en vos mismo hasta encontrar esa voz que no le debe nada a nadie. La que suena a vos, y sólo a vos. No es una guerra. Es un mantenimiento constante. Una limpieza. La decisión de abrir las ventanas de par en par y dejar que se lleve toda la porquería aunque te digan que afuera hace frío. El mundo prefiere que estés contaminado. Es mejor ser simple. Ser claro. Duele, pero es la única manera de no vivir intoxicado.





miércoles, 10 de septiembre de 2025

LA EVIDENCIA

     Un hombre le habla a una pared. Está convencido de que, al otro lado, alguien lo escucha. Tiene la certeza de que sus palabras, más tarde o más temprano, obrarán el milagro: crear una puerta donde sólo hay cemento. Pura mitología. La cosa no funciona así. El universo no se altera con argumentos. Esa urgencia por corregir el pensamiento ajeno no es más que el disfraz elegante de un lamento. Un monólogo eterno. Se habla, se debate, pero en el fondo sólo se llora por un mundo que se resiste a plegarse a nuestro designio. Silencio. El movimiento verdadero es el contrario. No es afuera: es adentro. No es amplificar la voz: es bajar la mirada. No para mirarse el ombligo, sino para sacarle filo a la propia madera. No es una retirada egoísta: es una alquimia. Quien logra alcanzar ese centro, esa solidez callada, ya no necesita gritar. Simplemente, es. Y su presencia, por pura física elemental, transforma el espacio a su alrededor. Atrae. Seduce sin pretenderlo. No es que convenza. Es que su manera de habitar el mundo se vuelve, de pronto, irresistible. No gana discusiones. Sin proponérselo, empieza a ganar miradas. Su verdad deja de ser una palabra y se convierte en una evidencia. Ese es el único mensaje que vale la pena: el que no se dice. Los niños lo saben.




lunes, 8 de septiembre de 2025

COMBUSTIÓN

     Entendés a los demás. Sufrís sus problemas como propios. Ayudás a cargar el peso. Casi sin pensarlo. Les das tu atención. Pero cuando el problema es tuyo, la cosa cambia. Ahí tenés que fijarte bien: ver si la gente se acerca para acompañarte de verdad, o sólo para pasar el rato y seguir su camino. Porque muchos van a venir. Van a escuchar tu problema. Van a tomar un poco de tu calor. Y se van a ir, sintiéndose bien por haber "estado", sin preguntarse cómo seguís vos cuando se dan vuelta. La verdad es así de simple: el que siempre está para los otros, a la larga se queda solo. Y una persona, si no la sostiene nadie, se cae. Por eso hay que tener los ojos abiertos. Aprender a reconocer quién se queda a tu lado y quién sólo está de paso. Y entonces, saber a quién abrirle la puerta. Porque entender al otro no es un deber. Es un lazo que se teje entre dos. Si sólo una mano teje, al final sólo queda un hilo suelto.





domingo, 7 de septiembre de 2025

PARAR Y VER

     Girás la cabeza. Es septiembre. Tus hijos dejaron de caber en tus brazos. Tu padre terminó de contarte sus historias antes de marcharse. Tus amigos se convirtieron en faros distantes. Girás la cabeza y la vida se ha escurrido en el intermedio. Se fue en el fragor de la obligación, en el cálculo mezquino del presupuesto, en los planes que, uno tras otro, se archivaron para un mañana que nunca llega. Y en esa distracción continua, en esa ceguera elegida, nos perdimos el arco que dibuja la boca de un amigo al reír. La textura de una mano que ya no está. La complicidad de un silencio compartido. La última palabra que quedó suspendida en el aire. Propongo esto: una tregua. Una deserción. Bajar del tren en marcha. Quedarse quieto. Ver. Ver las curvas que dibujan las nucas de tus hijos inclinados sobre los cuadernos. La geometría perfecta de una remera doblada por manos que conocen el oficio de cuidar. El modo en que la luz de la lámpara acaricia el rostro de la persona amada durante la cena. La verdad desarmada en los ojos de un amigo cuando calla. Hay que arrebatarle tesoros al reloj. Si la corriente nos va a llevar, que nos encuentre anclados en instantes de pura, obstinada atención. Y sobre todo, que nos encuentre brindando por algo. Porque esos segundos de alegría pura… esos, estoy seguro, son indestructibles. Permanecen. Flotan en el silencio del universo, como partículas de luz. No lo digo desde las certezas, sino como quien, ante la evidencia de la derrota, decide plantar bandera en el presente. Y ver...




sábado, 6 de septiembre de 2025

UNA PENA

     Se piensa que el dolor acerca. No es así. El dolor no acerca: señala. Marca una frontera con un dedo firme: acá estoy yo, allá estás vos. Y en ese espacio, crece la soledad. Una soledad de dos. Nos volvemos arquitectos de malentendidos. Construimos con los materiales más pobres: una palabra no dicha, un gesto interpretado al revés. Amamos desde lejos, incluso cuando estamos cerca. Tocamos piel y sentimos la lejanía como un frío repentino. Y uno recuerda, amargo, aquella verdad simple como un acorde: Isn't it a pity? / Isn't it a shame / How we break each other's hearts / And cause each other pain? La tragedia no es la herida, sino la rendición. Dejamos de mirar. Dejamos de buscar en el otro el reflejo de nuestra misma humanidad, quebrantada pero digna. Lo convertimos en un extraño útil, un actor en la función de nuestros días. Al final, no es el odio lo que mata las cosas. Es la pereza del alma. La comodidad de darse por vencido. Y así, uno se encuentra solo, sosteniendo la llave de una puerta que ya no existe.




viernes, 5 de septiembre de 2025

UMBRAL

     Existen dos territorios. Uno de sal, otro de sombra. El primero duele al tacto, el segundo se esfuma si lo mirás fijo. ¿En cuál estás? A veces, en la mañana, las manos parecen de un extraño. Los gestos son prestados, las palabras, un libreto que otros escribieron. Se ansía un lugar propio, un centro quieto donde ser, por fin, legítimo. Dejar de ser el ancla de la propia ascensión. Pero la autenticidad es una promesa. Siempre está más adelante. La verdad no es lo que sostenés, sino lo que intentás alcanzar. Es el nombre de un futuro que se aleja con cada paso que das. Es el imán que atrae tu brújula, nunca el norte que pisás. Por eso la vida es ese viaje. No una cruz en el mapa, sino el lento aprender a leer las estrellas con una fe tranquila. No se encuentra el yo. Se lo teje, noche a día, con los hilos tenues de lo soñado y los cables ásperos de lo vivido. El final es una rendición magnífica: darse cuenta de que la verdad no era la meta, sino el camino. Y que uno, al fin, es ese camino. Nada más. Nada menos.






jueves, 4 de septiembre de 2025

INTEGRIDAD

     Siempre he admirado a quienes avanzan con el rostro inclinado, desafiando la dirección natural de las cosas. No por obstinación, sino por una suerte de fidelidad a algo que sólo ellos perciben. No se trata de fuerza, sino de orientación. Una brújula interna que señala un norte distinto, a menudo incómodo. Los hay en todos los tiempos. No alzan la voz, pero su silencio tiene una textura especial, densa y clara. No se ubican donde la masa los empuja. Prefieren la orilla áspera, el lugar desde donde se ve venir todo, y donde el impacto, cuando llega, es íntegro, sin atenuantes. Por eso los reconozco. Por el gesto sereno, la mirada que no elude. Porque llevan en la piel la marca de lo que se enfrenta, no para destruir, sino para afirmar. No huelen a polvo, ni a multitud. Huelen a amanecer, a aire de altitud, a verdad no negociada. Mi corazón se inclina, sin remedio, hacia esos viajeros tercos que eligen la ruta difícil. Los que plantan sus pies en la tierra que todos abandonan. Los amo con simpleza. Porque en ellos no habita la sombra de la conveniencia, sino la luz de una obstinada y purificadora integridad.






miércoles, 3 de septiembre de 2025

BUENA SUERTE

     Mirá las noticias. Puro golpe bajo. Siempre fue así, ¿o nos engaña la memoria? La grieta no es nueva. Sólo que antes era un surco y ahora es un abismo. Ya no se trata de colores, de matices. Se volvió una física elemental: blanco o negro. Estás de este lado o del otro. No hay afuera. El gris fue declarado zona de traidores. Todo se rompió, sí, pero de un modo perverso: no en mil pedazos, sino en dos ejércitos infinitos de fragmentos idénticos. Cada uno cree tener una verdad única, pero sólo repite a coro el guión de su trinchera. Hablamos sólo para que nos oigan los que ya piensan igual. Y llega el bombardeo: noticias, alertas, dramas ajenos y memes. Todo junto, todo el tiempo. Intoxicación pura. Ya no sentimos, consumimos emociones descartables. El horror tiene la misma vida útil que un chiste. Por eso la retirada hacia adentro. La obsesión por ser tu propio amo y tu propio esclavo. Optimizarse, rendir, exprimirse hasta el último "like". La vida como un "Excel" que nunca cierra. Huimos del barro de la plaza del barrio para cavar nuestra propia celda privada. Parece un callejón sin salida. Pero quizás no lo sea. Buena suerte hoy no es ganar el "Quini". Es darte cuenta a tiempo. Es animarte a silenciar el mundo. Es preferir una voz conocida en un bar al griterío de las redes. Es negarte a elegir entre el blanco y el negro. Es mancharte las manos con gris. Es dejar de ser tu propio verdugo. Es juntar los pedazos que valen la pena, los tuyos, los que no le deben lealtad a ningún bando, y construir con eso algo tranquilo. Algo tuyo. Eso es todo. Buena suerte. La vamos a necesitar.




BUENAS INTENCIONES

     Hay personas que son una contradicción andando. Van por la vida con un gesto que parece rechazo, con palabras que hieren sin querer, co...