Después de la lluvia el aire queda limpio. Uno camina y de pronto siente una gota. Mira para arriba: el cielo está abierto. La gota venía de una hoja. Hay amores que funcionan así. Ya no llueve, pero algo gotea todavía. Uno sigue sintiendo lo que sentía, aunque lo que lo producía ya no está. Y está bien. Porque amar es algo que se hace ahora, con lo que hay. Los recuerdos son un buen lugar para visitar, no para vivir. Cuando uno elige mirar lo que tiene adelante, lo que gotea deja de importar. Y lo que queda es simple: dos personas, el aire limpio, las ganas de seguir.
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lunes, 26 de octubre de 2026
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