Hay un defecto de origen. Una configuración. Un mueble armado con una pieza de más y una de menos. Desde ahí, el destino es una repetición. Todo lo que se hace se hizo antes. El error tiene la misma forma, el mismo sabor, la misma hora del día. Aprender no sirve. El defecto está en la fábrica. Uno ve la curva antes de tomarla. Y sin embargo la mano sigue su curso, porque la mano obedece al diseño. Uno se cree dueño de su vida y es un empleado que repite la misma tarea, convencido de que esta vez sale distinta. Sale igual. Lo peor es la soledad. Uno se rompe lejos de los demás y desde ahí escucha cómo el mundo celebra a los que funcionan. Uno pertenece a otra categoría: la de los que vienen rotos de origen, los que cargan una culpa de fábrica. Pero el que repite, conoce. Conoce la curva, conoce el lugar, conoce la hora exacta en que todo vuelve. Y conocer es una forma de estar despierto. Los que funcionan avanzan. El que repite mira dos veces. Y en esa mirada doble hay una atención que nada compra. Parece resignación, es lucidez. La libertad era una ilusión cómoda. Pero en la lucidez hay calma. La paz del que deja de mentirse. Y el que deja de mentirse, empieza. Saber que no hay salida es la única salida.
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miércoles, 28 de octubre de 2026
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ROTO DE ORIGEN
Hay un defecto de origen. Una configuración. Un mueble armado con una pieza de más y una de menos. Desde ahí, el destino es una repetic...
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