Hay quienes cambian de ciudad para dejar atrás la melancolía. Guardan en la valija un souvenir: esa figura que cambia de color según el tiempo. Azul con sol, gris con lluvia. La miran al llegar y creen que el pronóstico es del lugar. No: es del ánimo. El clima interior no respeta oficinas de migraciones. Viaja con uno. Se puede cruzar un desierto bajo un sol entero y sentir adentro una llovizna molesta. El paisaje cambia; la temperatura del ánimo, no. Cada persona es la atmósfera que genera. Quien huye de sí mismo buscará en cada viaje una distracción pasajera; quien aprendió a mirarse encuentra cielo despejado hasta en la pieza más chica. La felicidad no es un lugar al que se llega: es una manera de estar donde uno ya está. Antes de viajar en busca de un mejor clima, hay que mirar el souvenir. Es verdad, cambia de color según el tiempo. Pero el tiempo, casi siempre, lo ponemos nosotros.
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EL CLIMA QUE LLEVAMOS
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