domingo, 1 de noviembre de 2026
EL OFICIO DE GUARDAR
ELEGIR DISTINTO
Uno sale a la calle y las cosas están ahí, esperando ser nombradas. Y uno las nombra. Y funciona. Hasta que un día algo adentro se desacomoda y ya no encaja del todo con lo de afuera. No es nada del otro mundo. Es una molestia. Como descubrir que la casa donde uno vive tiene una puerta que nunca abrió. No hace falta abrirla para saber que está. Pero una vez que se sabe, ya no se puede volver a mirar la pared como si fuera sólo una pared. Afuera hay cosas, sí. Pero las cosas no significan nada por sí solas. Significan porque las vivimos. La mayoría cree que el mundo exterior es la medida de lo real. Y así vive una vida prestada, prolija, ajena. Se puede ser muy feliz así. De verdad. Hay gente que lo logra y no le falta nada. Pero cuando uno conoce lo otro -esa puerta, esa habitación propia-, elige distinto. Porque ya no puede elegir de otra manera. Y ahí empieza lo difícil: sostener ese mundo interior sin que se convierta en refugio ni en excusa. Una vez que uno se ve, ya no puede des-verse.
EL OFICIO DE GUARDAR
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