Uno elige una cosa y pierde otra. No hay forma de evitarlo. De eso está hecha la vida. Quien pretende conservar todo, no conserva nada: hace inventario. Quien ama, elige a alguien y deja ir al resto. No por desamor, sino porque elegir a alguien es renunciar a los demás, todos los días. La libertad no es tener todas las opciones. Es comprometerse con una. Muchos no eligen para no perder. Se someten a lo que se espera. Creen que así se salvan. Se equivocan. Aceptar la pérdida no es resignarse: es dejar de llamar destino a lo que uno no se atrevió a elegir.
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ELEGIR, RENUNCIAR
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