A veces alguien quiere escribir su vida. Se sienta donde puede. Empieza por lo de afuera: la casa, el pueblo, los años. Después, si insiste, llega a lo de adentro. En algún punto la mano se detiene. Escribe un poco más, tacha, vuelve a empezar. Deja lo que se puede dejar. Lo demás queda guardado, sin nombre, en un lugar del que no se habla. Sucede con todos. Se puede viajar, cambiar de trabajo, aprender un idioma, empezar de cero en otra ciudad. Siempre hay una parte que se queda con uno. Uno la lleva como un bolsillo que no se usa. No hace falta ir a buscarla. Mejor no hacerlo. Hay cosas que funcionan si uno las deja tranquilas. El que escribe lo sabe. Por eso termina antes de tiempo, redondea, pone un punto final donde no corresponde. Y se va.
lunes, 5 de octubre de 2026
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