sábado, 29 de noviembre de 2025

LO SÓLIDO

     Había quienes levantaban catedrales. Otros encontraron el universo en una sola piedra. Mientras ellos construían torres que arañaban el cielo, nosotros comprendimos que toda altura verdadera nace de una raíz oculta. Un alma de hierro. Lo que es esencial rechaza la ostentación. Permanece. Como el clavo que sostiene el cuadro. Como el giro de la llave que, en su exactitud, libera el umbral. Cuando el ruido se apagó, no llegó el silencio. Emergió lo sólido. Lo pequeño no venció. Era, sencillamente, lo único que nunca había estado en juego.




viernes, 28 de noviembre de 2025

TRANQUILIZADO

     Un hombre y su jaula. La construyó con sus manos, pero con materiales ajenos. Barrotes de "deberías ser", un techo de "qué dirán", un suelo de miedos antiguos. Afuera, la vida funcionaba. Cumplía. Jugaba las fichas en el tablero que le habían dado. Recibía palmadas en la espalda. Pero dentro, el silencio era de piedra. Y el deseo había emigrado a otras casas. Aprendió a coleccionar identidades como monedas sin valor. Creía que poseer cosas le daría peso, realidad. Pero ocurrió lo contrario: las cosas terminaron poseyéndolo a él. Su única oración era la huida hacia adelante. Y en medio de aquel vértigo, una necesidad animal de paz. Una fe desgastada. No en dioses, sino en la verdad desnuda de un amanecer. En que ser, sin más, podía ser suficiente. Él era el único que aún creía en ese milagro mínimo. Hasta que un día dejó de alimentar a la bestia de las expectativas. No hubo portazo. No hubo manifiesto. Sólo un soltar. Y al abrir las manos vacías, encontró el mundo. Tranquilizado por la belleza de lo real. El sonido de su respiración, ya sin deudas. La libertad no era un lugar al que llegar. Era el valor de habitar, por fin, el espacio pequeño y enorme que siempre había sido suyo.





jueves, 27 de noviembre de 2025

LA MANO DE DIOS (Un sol amargo)

     Fabietto es un joven que escucha. Mientras el mundo napolitano estalla en voces y gestos, él se protege con los auriculares del walkman. No es música lo que busca, sino un límite. Un territorio personal donde la identidad no sea una concesión a los demás. Se construye en el reflejo de los otros. Su hermano Marchino, con su sueño de actor. La tía Patrizia, con su belleza trágica. Su tío, con sus reglas absurdas. Fabietto asiente. Afina su ser para habitar sin conflictos el mundo ajeno. Es el precio que paga por pertenecer: un éxodo de sí mismo. La máscara, usada con tanta frecuencia, termina pegándose al rostro. La desgracia llega y quiebra ese frágil equilibrio. Los espejos se rompen. En el silencio que deja la pérdida, descubre su propia ausencia. Entonces, la elección crucial: continuar siendo el personaje que todos esperan, o arriesgarse a la soledad que supone existir con autenticidad. El walkman, antes refugio, se transforma en metáfora: puede elegir qué banda sonora acompañará su vida. Fabietto se va. No es una huida, sino el primer acto de creación de un yo propio. La mano de Dios no fue sólo un milagro, sino también una infracción: el atajo que inventa su propio destino. La verdadera salvación no está en seguir las reglas, sino en escribir las propias.




miércoles, 26 de noviembre de 2025

ESTACIONES

     Hay épocas que se construyen con otro material. Más espeso, más quieto. Uno habita esos días con la certeza de haberse quedado afuera del mundo. Es un territorio privado de horizontes. Ya no importa el cuándo, sólo persiste el si acaso. Pero el mundo no consulta. Avanza. Y en su avance, riguroso, la luz encuentra su rendija. No es una explosión. Es un cambio casi imperceptible, un tenue aclararse del cielo. Un amanecer que, por fin, se puede respirar profundamente. Es la puntualidad de lo natural. La prueba tangible de que ningún estado es definitivo. La dureza se quiebra. No por un acto heroico, sino por el inevitable cansancio de lo oscuro. El calor vuelve. Siempre vuelve. No como un triunfo, sino como un regreso. Como la verdad del fuego tras la leña. Esa es la lógica elemental. Lo quieto no es más que tránsito interrumpido. La demora, un modo de la llegada.




martes, 25 de noviembre de 2025

LA PENDIENTE

     La calle, plana, se doblaba en la barranca. Para el niño, no era un obstáculo. Era una invitación. Primero se subía a pie. Después con la bicicleta, con esas ruedas pequeñas y ese metal pesado. Al final, con la patineta, deslizándose sobre el cemento áspero. No se trataba de vencer el miedo. Se trataba de usar el cuerpo para entender el mundo. Era un acto puro. La felicidad de sentirse parte de la pendiente. El hombre mira el mismo lugar y ya no ve la invitación. Ve la caída. La bicicleta descansa inservible. La patineta duerme en el olvido. La libertad de entonces no era falsa. Sólo era un lenguaje que se ha olvidado. La vida no quita esas cosas. Las vuelve transparentes. Hasta que sólo queda la evidencia desnuda: que no hay barranca más profunda que el tiempo, ni ascenso más difícil que aceptar la quietud que crece en uno. Al final, el verdadero valor está en mirar la pendiente y saber que ya no se debe subir. Ese es el último aprendizaje: dejar que la calle quede atrás cuando el viaje, por fin, se vuelve interior.




PAUSA

     Pensemos en todo lo que se dice sin palabras. Antes de cada frase, hay un vacío que le da forma. Un intervalo necesario. Una conversación sin pausas es sólo ruido. El que calla no otorga. Tampoco se rinde: organiza el mundo. Su silencio es un signo de puntuación en el aire. Las palabras son apenas la punta. Debajo viene el cuerpo: una mano, una mirada, un hombro que se inclina. La voz no sólo dice, también acaricia o hiere con su tono. Pero lo esencial, lo que queda después del ruido, es lo que no se dijo. Al final, sólo el silencio dice la verdad.





lunes, 24 de noviembre de 2025

RESETEO

     Hay días en que la única solución es un borrón y cuenta nueva. No se anuncia. Simplemente sucede. Empezar de cero. Sin alharacas. Sin equipaje. Es un gesto mínimo. Como soltar un peso que no sabías que cargabas. Se quedan atrás los días. Los gestos viejos. Las cicatrices. No es olvido. Es libertad. Y, de pronto, hay espacio. El mundo recupera una claridad olvidada. La vida se vuelve más directa. Es un segundo de pureza. Un reseteo. Y en el silencio subsiguiente, sólo se mantiene firme una orden: vivir.




EXILIO BREVE

     Existe una forma de mirar que escapa al intercambio. No negocia. No consume. No es la mirada del tener. Es la del ser. Quien así mira renuncia a apropiarse de lo visto. Prefiere, en su lugar, crear un espacio. Una suerte de territorio libre donde lo mirado puede, sencillamente, ser. Es un acto de afirmación. Pura generosidad, sin deuda. Esta mirada desconoce el valor de mercado del encuentro. No evalúa para comprar o vender. Confirma. Por eso no señala la falta, sino la posibilidad. No recuerda lo que falta, sino el puro asombro de existir. Cuando uno recibe esta mirada, no siente el peso de la deuda. Siente el alivio, breve y absoluto, de ser por fin un fin en sí mismo. Es el regreso a casa, después de toda una vida de exilio.




EL ARTE DE CAER

     Hay que enseñar el arte de caer. A permanecer en el suelo el tiempo justo. A reconocer, allí, el peso verdadero de las cosas. Se trata de construir un hombre que sepa ser, no sólo aparentar. Que encuentre en los otros no rivales, sino testigos de la misma fragilidad. Donde se puede fracasar, levantarse, y que la dignidad no se manche. Frente a este desfile de victorias huecas, de mediocres funcionales que ocupan los podios, de esos que cambian el mañana por un aplauso inmediato, frente a toda esa estampida por tener y no por ser… mi mirada se fija en el que se queda. En su quietud hay una resistencia. Una integridad que no se vende. Mirarlos me tranquiliza. Me compone por dentro. Yo también elijo soltar la corona antes que empuñar un arma. Prefiero la autoría silenciosa de mis actos a la ruidosa farsa del triunfo. Una insensatez, lo sé. Y sin embargo, llevo este error conmigo como una llave. No para abrir ninguna puerta, sino para recordar, siempre, que algunas cerraduras no merecen ser forzadas.




domingo, 23 de noviembre de 2025

UN TERRITORIO

     Pensamos la vida como un camino hacia adelante. No lo es. Somos un territorio. En un mismo momento, podemos ser el adulto que resuelve y el niño que necesita. No es una falla. Es la condición humana. Ese miedo a la soledad nos empuja hacia la multitud. Intercambiamos la posibilidad de ser por la seguridad del rebaño. Los que repiten consignas no son débiles. Están cansados y aceptaron el refugio que les ofrecieron. Amar no es anularse. Es encontrar a otro y, frente a él, no abdicar. Dos integridades que se eligen, no se fusionan. Madurar no es acumular certezas. Es aprender a vivir en la pregunta. Es preferir el aire limpio de la duda al aire viciado de las respuestas falsas. Por eso, estando solos, a veces sentimos ese hueco al costado del pecho. No es un vacío. Es el espacio que queda cuando dejamos de llenarnos con lo que no nos pertenece. Y en ese hueco, por primera vez, cabemos nosotros. Eso es todo.




sábado, 22 de noviembre de 2025

NO SE VA

      Primero, el vacío. Un hueco con la forma exacta de quien se fue. Uno corre, llena el tiempo con cosas, pero el hueco tiene su gravedad. Al final, te vence por cansancio, no por fuerza. Entonces te sentás. Y entendés. Lo que amaste no se perdió. Se internalizó. La voz, las ideas, la manera de ver el mundo… eso no se va a ningún lado. Se convierte en una parte tuya, una capa más de tu ser. Extrañar es, en el fondo, reconocer que esa persona ahora vive en uno. Es un diálogo que nunca termina, pero que ahora es íntimo, privado. Ya no es un fantasma al que se persigue. Es una presencia construida con los materiales que él mismo te dio. Su herencia verdadera no fue de objetos, sino de sí mismo, fundido en tu carácter. Así, la pérdida se transfigura. La ausencia del otro afuera se resuelve con su permanencia adentro. Y uno, al llevar esa voz incorporada, se vuelve, también, un poco más él. Es la única forma de ganarle al tiempo. La única manera de que el final no sea un punto, sino un latido.


   


viernes, 21 de noviembre de 2025

EL EXTRANJERO

     Se construye una vida, como quien levanta una casa, ladrillo a ladrillo. Se escogen los recuerdos, se ordenan los días, se pega todo con calma. Con los años, se vuelve un lugar conocido. Uno vive ahí, se siente seguro entre sus paredes. Hasta que un día, una grieta. Nada grave, sólo una raya en la pared. Al principio, es una molestia. Intentás taparla con yeso. Pero la grieta crece, se abre. Y por ahí entra una luz nueva. No es la luz de adentro, es la luz de afuera. Y entonces lo entendés: la pared no se cae, se deshace. Porque nunca fue real. Sólo era una tela pintada con mucho cuidado. Y detrás no hay nada, sólo el vacío y el aire. Te quedás ahí, en lo que era tu casa. No hay vuelta atrás. Porque la verdad no es lo que armás, es lo que sobra cuando ese armado se cae.




jueves, 20 de noviembre de 2025

DOMINGO

     La melancolía de los domingos es la prueba de la semana que se fue y el anuncio de la que llega. Un intervalo de lucidez. Él comprendió que su cansancio no era del cuerpo. Era la fatiga de actuar en un intercambio permanente. Ofrecer atención, recibir expectativas. Regalar emociones, obtener demandas. Un mercado en el que siempre estaba en deuda. Cada contacto humano empezó a parecerle una transacción. Una negociación en la que su moneda personal estaba fuera de circulación. No por falta de valor, sino por un cansancio esencial de participar en aquel trueque. Así que se declaró en quietud. No es una retirada épica. Es la sencilla decisión de dejar de comprar y vender afectos. Los domingos, mientras el mundo practica sus rituales de conexión, él ejercita el suyo: la destreza de no necesitar. La luz se apaga. La semana espera. Él no. En su retiro, ha encontrado el único bien que no se negocia: el peso exacto de su propio silencio.




miércoles, 19 de noviembre de 2025

LA CERTIDUMBRE DEL FIN

     Estabas en aquella reunión, entre amigos. En el instante preciso en que la música cambió y todos gritaron, al unísono. Y allí estaba: la certidumbre del fin. No era un pensamiento. Era una temperatura. Viste las copas alzadas, el brillo en las miradas, la composición exacta de aquel segundo: una fotografía mental. Y lo supiste: esto es todo. El clímax. Lo que seguirá será el regreso a casa, el frío de la llave en la cerradura, la ropa abandonada sobre una silla. Las responsabilidades. No era el dolor por lo vivido, sino por la pérdida futura, ya consumada. Entonces respiraste. Y guardaste aquello. No como un recuerdo, sino como un hecho incontestable. La prueba de una felicidad que, desde ese instante, comenzaba a ser pasado; a convertirse en algo que ya tenías, y por eso mismo, empezaba a escaparse.




lunes, 17 de noviembre de 2025

CASTILLOS DE ARENA

     Se levanta un castillo. Arena y un balde pequeño, nada más. Un montón. Una torre. Un muro bajo. La forma nace bajo el sol, sólida, por un instante. Su sombra, pálida, sobre la arena ardiente. Las manos modelan el mundo. Luego se detienen. La obra está completa. A lo lejos, el agua. Se aproxima sin prisa. No es un enemigo, es una certeza. La única. Roza los cimientos. Los disuelve. No es un combate. Es un regreso. La torre se deshace en silencio. El muro es una línea que se desvanece. Al final, sólo queda la playa lavada. El balde pequeño, vacío. Lo esencial no estaba en el castillo. Estaba en las manos que lo construyeron. Y en la verdad que sostenían: todo es prestado. Todo regresa a su lugar.




SINFONÍA AGRIDULCE

     Existe una melodía, una sinfonía agridulce. La vida. Todos la ejecutan, sin partitura. Los mismos movimientos, día tras día. Despertar, viajar, trabajar, volver. Una composición perfecta en su monotonía. La gente alquila sus propios instrumentos. El precio es la libertad. Persiguen papeles de colores, convencidos de acumularlos para vivir, cuando en realidad viven para acumularlos. Cambian sueños por seguridad, tiempo por un futuro prometido. Hasta que la música cesa. Uno siente el molde, esa forma prefijada. Quiere romperlo, pero cualquier movimiento es una herejía contra uno mismo. La cárcel más eficaz es aquella donde el prisionero es también el carcelero. Al final, la sinfonía no concluye en un acorde final. Se apaga. Y en ese silencio súbito, resuena la verdad: toda la música era prestada.




domingo, 16 de noviembre de 2025

EL HILO

     Hay un peso que no es el de los años. Es el de todo lo que callamos. Las oportunidades que dejamos pasar por seguir un guión que no escribimos. Uno se va recortando hasta quedar con la forma que los otros esperan. Una versión presentable. Una cáscara. Hace casi treinta años, esa banda tocaba en un lugar mucho más pequeño. Ninguno de sus amigos quiso acompañarlo. Él fue solo. No lo dudó. Compró la entrada y fue. Un acto sin importancia, casi automático. Un gesto para nadie. O tal vez sólo para el hombre que sería casi tres décadas después. Hoy, la banda llena estadios en cuestión de minutos. Ochenta mil personas. Él está ahí, entre la multitud. Pero no está solo. A su lado, sus hijos. Les contó de esas canciones, de esa noche sin compañía. Y ellos vinieron. Mira las luces, siente el sonido. Y en ese momento lo entiende: la felicidad no es algo que se busca, es algo que se encuentra después de haber elegido bien. Es el hilo que une al joven solo con el hombre mejor acompañado del mundo. Aquel acto sin pensarlo fue el más certero de su vida. No fue por fuerza de voluntad. Fue por puro instinto. Y ese instinto, casi treinta años después, le devuelve algo que había perdido: la certeza de que a veces tenemos razón sin saberlo. El vacío se llena con lo que hacemos sin calcular. La vida no es lo que te quita. Es lo que, en silencio, te guarda para después.




viernes, 14 de noviembre de 2025

LLAVES

     Se dice que todo amor es igual. No es cierto. El amor no es un molde. Es el hueco que alguien deja en tu vida. Un vacío con su forma exacta. Ese vacío no se repite. No aparece en otra parte. Cada amor inventa sus propias reglas. Un gesto que en uno lo era todo, en otro no es nada. Por eso la decisión es simple: nunca más un reflejo. Nunca más confundir una luz con otra. Cada amor tiene su sol propio. Comprender esto es como entender que una llave sólo abre una puerta. No es triste. Es lo justo. Así que esto es todo: no ser un gemelo. La persona amada no se compara. Elegir siempre el camino sin huellas. Esa es la única opción. Debería ser así de simple.




ELEGIMOS LA LUZ

     Elegimos la luz. Era más simple vivir ahí. El valor lo medía lo que la luz tocaba. Lo que quedaba en la oscuridad, lentamente, dejó de importar. Nos dedicamos, entonces, a vivir para ese resplandor. Nos volvimos brillantes. Puros. El mundo se llenó de faros perfectos, cada uno irradiando su propia y solitaria certidumbre. Hasta que intentamos encontrarnos y sólo logramos encandilarnos. La luz, tan generosa para mostrar, era incapaz de unir. No permitía matices. No dejaba lugar para la duda ni la ternura. La luz que elegimos para ser vistos es la misma que nos volvió ciegos. El brillo fue nuestra más clara y definitiva oscuridad.




miércoles, 12 de noviembre de 2025

CADA OLA QUE ROMPE

     Se ve la otra orilla. Eso es todo. Uno se para en la arena firme. Piensa que sería simple llegar. Un acto de voluntad. Dar un paso, y luego otro. Entregarse. Pero está el agua. La primera ola llega a los tobillos. Un frío que hace dudar. Uno puede volver atrás. Es una posibilidad concreta. Sin embargo, uno sigue. La segunda ola golpea las rodillas, hace perder el equilibrio. La duda ya no es un pensamiento, es un peso en el cuerpo ¿Valdrá la pena? Es la lucha contra la inercia de uno mismo. Llega la tercera ola. La que cubre, desorienta. No se puede evitar. Es el desafío que se vuelve inevitabilidad. Uno no la elude. La atraviesa. Bajo el agua, todo es silencio y caos. Ya no se ve la otra orilla. Sólo turbulencia. Es el fracaso de cualquier plan. Pero es ahí donde las piernas encuentran, por sí solas, un nuevo punto de apoyo. El cuerpo aprende a flotar en la caída. Es una aceptación. No una derrota. La ola pasa. Uno emerge. Tose, escupe agua salada, ve otra vez la línea lejana. Ya no se la desea con inocencia. Se la comprende. No se llega sin haber tragado agua. Sin haber dudado. Lo importante no está en la llegada. Está en la sal en la piel, en la respiración que se recupera. Es simple. Uno se lanza. Las olas vienen. Uno sigue. Eso es todo.




INOCENCIA

     La inocencia no es algo que se pierde. Es la primera verdad. Lo que conocés antes que todo. Ahí aparece lo justo. Ahí se entiende la libertad. Esas ideas llegan limpias. Completas. Después, el mundo. La vida. Te muestran que nada es tan claro. Que todo es más difícil. La inocencia no lo ignora. Lo mira. Y aun así, no cede. No es un recuerdo. Es un músculo. Es la fuerza mínima para seguir. Para querer un mundo mejor, sabiendo que no será perfecto. Para luchar, aceptando que la derrota es siempre posible. Es la parte que no negocia. La que no se cansa. Por eso no es una debilidad. Es la base. El punto de partida. Mientras esté ahí, estás entero. Es lo único que no envejece. Lo que queda cuando todo lo demás se va. Porque siempre se va.




martes, 11 de noviembre de 2025

LA DIGNIDAD DE LA DISTANCIA

     Dos modos de mirar una flor. Uno: Se acerca. La arranca. La deshoja para entenderla. Dos: Se queda a dos pasos. La contempla. La deja ser. Esa segunda mirada es el respeto. No es mirar hacia el pasado. Es mirar sin urgente necesidad. La dignidad de la distancia. Es aceptar que hay una verdad que sólo existe si no se altera. Hemos cambiado esa mirada por un acto de consumo. Queremos la flor en la mano, deshojada. Lo instantáneo. Lo próximo. Es el fin de la distancia. Sin distancia, no hay encuentro, sólo choque. He aquí lo profundo: el respeto no es una cortesía. Es un pacto de salvación. Salvamos al otro de nuestro deseo de poseer. Y, al hacerlo, nos salvamos. Aprendemos a ver lo que las cosas son, no lo que queremos que sean. Es el acto más simple y radical: elegir no cruzar un límite. En ese "no" nace la única belleza que perdura. La pureza no está en lo que tomamos, sino en lo que, voluntariamente, dejamos intacto.





lunes, 10 de noviembre de 2025

HERMOSO INCENDIO

     Creen que el futuro es mejor. Por eso corren. Cada cosa nueva que construyen es un pequeño funeral de lo que fueron, pero no lo saben. Su lema es "avanzar". Sin embargo, avanzar es dejar atrás. Y lo que queda atrás se pierde. Hay una elegancia en lo quieto: en el vidrio de la ventana, en la silla de madera, en la taza vacía, en el árbol de la vereda, en no querer nada más. Eso lo saben los ancianos; los que corren, no. Por eso, cuando gritan "¡sigamos!", yo sólo oigo el ruido de las cosas que se rompen para siempre. Su progreso es un hermoso incendio, y ellos, sin saberlo, son la leña.




domingo, 9 de noviembre de 2025

EMANCIPACIÓN

     Pensamos con lo que llevamos dentro. Y dentro tenemos un museo de certezas. Algunas las elegimos. La mayoría nos las dieron. Nos mantienen a salvo, es cierto, pero también nos paralizan. Lo difícil no es abrir la mente, sino vaciarla un poco. Nos aferramos a lo conocido, aunque nos duela, por miedo a la libertad que trae la incertidumbre. Preferimos la seguridad de las cerraduras a la inmensidad de un campo abierto. Por eso la valentía no está en aprender, sino en desaprender. En soltar esas seguridades que nos dan una identidad cómoda, pero falsa. Cada certeza que soltamos es un acto de libertad. Hasta que un día el museo queda vacío. Y en ese silencio, por fin, estamos libres. 




viernes, 7 de noviembre de 2025

PLANOS

     Imaginen a estos señores. Se sientan tras mesas pulidas, inmensas, para diseñar el mundo. Tienen planos perfectos, de líneas rectas. Prometen estructuras sólidas, un mecanismo perfecto. Pero miren de cerca. Las reglas que entregan son de una fragilidad que aterra. Los engranajes que proponen, fabricados con la torpeza de quien desconoce el oficio. Usan la madera más barata para construir el suelo que todos debemos pisar. Y se sorprenden cuando cruje. Hablan de un diseño maestro. Sin embargo, en sus ojos se lee el pánico del tramoyista que olvidó su siguiente paso. Gesticulan. Exigen fe. Su creación es un artefacto torpe, un reloj que atrasa y cuyas agujas, a veces, giran al revés. Todos los hemos visto ajustar tornillos con fastidio, ¿no es cierto? Como si la terquedad de la realidad fuera un defecto del material, y no la consecuencia de su incompetencia. He aquí el secreto: esos planos inmaculados están en blanco. La bóveda que dicen haber construido sobre nuestras cabezas es sólo aire. Un acuerdo tácito. Un miedo antiguo. Así que no queda más que tomar uno de esos planos, doblarlo con cuidado y hacer un avión de papel. Arrojarlo por la ventana. Observar su vuelo impredecible. Esa es la única arquitectura verdadera.




jueves, 6 de noviembre de 2025

PERSPECTIVAS

     Lo pensé hoy: el acuerdo es un mueble pesado. Ese que colocás en el centro de la habitación y ya nada puede moverse. Todo queda en su sitio. Congelado. La palabra que sirve es la que desordena. Un pero. Un acaso. Una duda. No un grito. Un gesto mínimo que desplaza todo el equilibrio. Un buen texto no es un espejo. Es una ventana que da a un patio. No muestra lo que sos. Muestra lo desconocido. Un lugar por donde escapar. Su final no es un aplauso. Es el sonido seco de la ventana al abrirse. El vacío del marco. La certeza del salto.





miércoles, 5 de noviembre de 2025

HILOS

     El miedo coloca un ladrillo. Luego otro. Su trabajo es simple: levantar un muro. Separa. Protege. Es una respuesta. La confianza pasa un hilo. Luego otro. Su función es otra: tejer. Une. Arriesga. Es una pregunta. No es lo mismo. Un puño que se cierra guarda lo que posee. Una mano abierta espera lo que no conoce. Entre ambas, el espacio vacío. Se puede elevar el muro. O se puede lanzar un hilo, frágil, de una orilla a la otra. No se trata de construir un puente. Se trata de enviar una señal. Si del otro lado alguien recoge ese hilo, no es necesario tirar. Basta con sentir la tensión leve que dice: "estoy acá". Y así, sin mover nada, todo se transforma. El vacío permanece. Pero ahora tiene dos extremos. Y algo tenso que lo atraviesa. Eso basta.




lunes, 3 de noviembre de 2025

TODOS DICEN HOLA

     Me fui. Uno de esos días, simplemente hice de mi ciudad un lugar vacío, de esos que no se llenan con nada. Desde aquí, sé que muchas cosas siguen. El bar, la plaza, las veredas de siempre. Todos dicen hola. Sé que preguntan por mí. Es un código simple, una señal que atraviesa la distancia para recordarme que ese lugar no me suelta. Todos dicen hola. Y en esa frase corta, común, late la prueba de que sigo siendo una pregunta que se hacen. Ahora acumulo distancia. Camino calles que no tienen mi historia. Hay momentos en que el mundo pesa más de lo pensado. Cuando eso pasa, recuerdo una sola cosa: no importa la hora, ni el día, ni la derrota. Allá, las puertas no tienen llave para mí. Siempre se puede volver. Siempre. Volver al lugar donde los testigos de mi infancia me reconocerían al instante, sin necesidad de explicaciones. Donde las paredes guardan la medida exacta de lo que fui. Ese lugar no es un recuerdo. Es una dirección. La mía. Los imagino esperando. Todos diciendo hola.




domingo, 2 de noviembre de 2025

EQUILIBRIO

     Un hombre y su responsabilidad. Cada mañana, recoge el peso asignado. Lo lleva con una dignidad silenciosa. Es su deber. La rueda que gira porque él la empuja. Al caer el sol, suelta la carga. No hay drama en este acto. Sólo la certeza de un límite. La frontera entre lo que el mundo exige y lo que un cuerpo puede dar. La belleza está en ese equilibrio. La responsabilidad, vasta como el cielo. La finitud, exacta como el latido de una muñeca. Pese a todas las máscaras risueñas que todos nos ponemos. Al final, sólo el suspiro de quien acepta su medida. El honor de haber sostenido el mundo. Y la paz de soltarlo a su hora.




BUENAS INTENCIONES

     Hay personas que son una contradicción andando. Van por la vida con un gesto que parece rechazo, con palabras que hieren sin querer, co...